
1. La necesidad de una fe que no se desalienta y la declaración de 2 Corintios 4
En nuestra vida enfrentamos innumerables desafíos y adversidades. Fracasos, enfermedades, rupturas en las relaciones, dificultades financieras o accidentes imprevistos pueden hacernos caer fácilmente en el sentimiento de “desaliento”. Cuando este desaliento se profundiza, disminuye nuestra motivación, perdemos el sentido de dirección en la vida e incluso, en casos extremos, podemos sentir deseos de renunciar a todo. Sin embargo, la Biblia no ignora ni embellece este “desaliento”. Al contrario, muestra vívidamente a muchos personajes que vivieron experiencias de desaliento pero lograron superarlas.
Uno de los pasajes centrales que abordan el tema del desaliento es 2 Corintios 4. En este capítulo, el apóstol Pablo declara dos veces: “No nos desanimamos” (versículos 1 y 16). Pablo, en su labor de predicar el evangelio itinerando por diversas ciudades, fue apedreado hasta quedar casi inconsciente y, en ocasiones, encarcelado injustamente (2 Co 11). Aun así, en 2 Corintios 4 él proclama que, “aunque estamos atribulados en todo, no estamos angustiados; en apuros, mas no desesperados” (v. 8). ¿Cómo pudo hacer semejante confesión?
El pastor David Jang, quien ha servido por mucho tiempo tanto dentro como fuera de la iglesia en Corea, enseña cómo aplicar hoy en día el “secreto para superar el desaliento” de 2 Corintios 4 en la vida de la iglesia y de cada creyente. Él recalca que “la superación del desaliento de la que habla Pablo no es una simple cuestión de fuerza mental o pensamiento positivo, sino que se basa en el poder del evangelio”. En 2 Corintios 4:7, Pablo dice: “Tenemos este tesoro en vasos de barro”. Allí, el “tesoro” simboliza el evangelio de Jesucristo, y el “vaso de barro” representa la fragilidad humana. Nuestra debilidad, que normalmente produciría desaliento, contiene el evangelio que obra con poder para ayudarnos a trascenderlo. Esta metáfora del “vaso de barro y el tesoro” constituye el tema central de 2 Corintios 4, y el pastor David Jang añade: “Aunque parezca fácil de entender, aferrarse realmente a esta enseñanza en la vida diaria hace posible experimentar de manera asombrosa la victoria sobre el desaliento”.
Además, Pablo declara que aunque nuestro “hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Co 4:16). Esto sugiere que nuestras dificultades en la vida real pueden transformarse en oportunidades de crecimiento espiritual. Aunque, a ojos humanos, la situación parezca empeorar, el creyente arraigado en el evangelio ve su interior hacerse más profundo y firme, una paradoja que confirma la experiencia del apóstol Pablo. Incluso encarcelado, Pablo escribió cartas para animar a la iglesia y preocuparse por el desaliento de otros creyentes. El pastor David Jang comenta al respecto: “El desaliento es una realidad humana inevitable, pero para quien vive con el evangelio, nunca será la conclusión definitiva”.
El tema del desaliento, por tanto, es muy relevante para toda la fe cristiana. Muchos creyentes lo experimentan especialmente al hacer balance del año, al prepararse para una nueva etapa o ante situaciones repentinas de prueba. Si la iglesia no aborda debidamente esta cuestión, el consuelo y el poder del evangelio pueden convertirse en un simple lema vacío. Entonces, ¿cómo superar de forma práctica el desaliento y cómo puede la iglesia, a nivel comunitario, apoyar ese proceso? En los siguientes puntos, examinaremos el “plan de acción para superar el desaliento”, basado en las enseñanzas del pastor David Jang y en 2 Corintios 4.
2. Vasos de barro y tesoro: Principios teológicos y espirituales para superar el desaliento
Para entender la declaración de Pablo “no nos desanimamos”, es fundamental profundizar en el pasaje de 2 Corintios 4:7, “tenemos este tesoro en vasos de barro”. Pablo compara a los seres humanos frágiles con “vasos de barro”. Estos se rompen con facilidad, no brillan por su apariencia y tampoco son muy valiosos. En contraste, el “tesoro” que se halla dentro de ellos es el evangelio de Jesucristo y el poder mismo que trae la salvación. Según Pablo, el ser humano, aun enfrentando el desaliento, puede llevar una vida completamente diferente gracias a este evangelio.
- La fragilidad humana (vasos de barro)
Una de las mayores causas del desaliento es darnos cuenta de nuestras propias limitaciones. Cuando, por más que nos esforcemos, la situación no mejora, o cuando experimentamos fracasos y desilusiones repetidas, el ser humano se deprime con facilidad. El pastor David Jang señala: “Si uno no reconoce que es un vaso de barro, corre el riesgo de volverse orgulloso o, en el otro extremo, caer en una desesperación excesiva”. Es decir, al saber que somos “vasos de barro”, mantenemos el equilibrio: ni nos volvemos arrogantes creyendo que podemos hacerlo todo, ni caemos en el extremo del “yo no puedo hacer nada”. - El poder del evangelio (el tesoro)
Frente a la debilidad del “vaso de barro”, el evangelio, representado como un “tesoro”, tiene un valor infinito. El perdón de pecados y la vida eterna ofrecidos por la cruz y la resurrección de Jesucristo superan cualquier problema que exista en el mundo. El pastor David Jang afirma: “El desaliento generalmente surge cuando nos fijamos en nuestras limitaciones o errores, o en la presión del entorno, pero el evangelio revela la voluntad y el amor de Dios que sobrepasan esos límites”. Para salir del desaliento, debemos experimentar realmente este “tesoro”. - El ministerio que nace de la gracia y la misericordia
En 2 Corintios 4:1, Pablo dice: “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos”. Esto significa que la superación del desaliento empieza no con “nuestra capacidad”, sino con la “gracia de Dios”. Todo ministerio en la iglesia (de pastores, ancianos, diáconos o cualquier servicio) proviene de la gracia de Dios; por eso, cuando surgen problemas, recordamos que “no lo hacemos porque seamos capaces; fue Dios quien comenzó y es Él quien se hace responsable”. El pastor David Jang añade: “La iglesia que se aferra a esta fe puede tambalearse, pero no se derrumbará fácilmente”. - Lo visible y lo invisible
2 Corintios 4:18 afirma: “Lo que se ve es temporal, pero lo que no se ve es eterno”. El desaliento aumenta cuando centramos nuestra atención en la escasez o el fracaso que tenemos delante de los ojos. Sin embargo, al contemplar el reino eterno y la obra salvadora de Dios, comprendemos que nuestras dificultades presentes no lo son todo. Ante esa realidad mayor, se abre un horizonte de esperanza más grande que el desaliento. Esto implica que una “visión eterna” desempeña un papel decisivo en la superación del desaliento.
En resumen, para superar verdaderamente el desaliento es preciso entender la paradoja que existe entre la debilidad humana y el poder del evangelio que llevamos dentro. El pastor David Jang diagnostica: “El desaliento no proviene únicamente de la debilidad o de las circunstancias, sino de no experimentar realmente el poder del evangelio”. Si la iglesia diseña sus cultos y ministerios de manera que fomenten esta vivencia del evangelio, el desaliento dejará de ser una simple “emoción negativa” y se convertirá, más bien, en una oportunidad para un “crecimiento espiritual más profundo”.
3. Dirección ministerial de la iglesia hacia una comunidad sin desaliento
El problema del desaliento no se limita a la esfera personal o psicológica. También puede surgir cuando la iglesia atraviesa conflictos, secularización, problemas financieros u otros desafíos, lo cual puede desanimar a sus miembros. Además, si un líder se encuentra en un estado de desaliento profundo, la comunidad entera puede verse gravemente afectada. Teniendo esto en cuenta, el pastor David Jang propone que la iglesia fomente intencionalmente una cultura que ayude a superar el desaliento.
- Cultos centrados en la Palabra
En el tiempo de culto, la predicación debe recalcar con claridad la esencia del evangelio y, apoyándose en pasajes como 2 Corintios 4, recordar que el desaliento es parte de nuestra naturaleza humana, pero que el evangelio puede superarlo. Conforme los creyentes escuchan repetidamente este mensaje, comienzan a ver el desaliento como algo “superable”. - Pequeños grupos y cuidado pastoral
Para que nadie quede abandonado en su desaliento, la iglesia debe organizar bien sus sistemas de grupos pequeños (células, grupos de hogar, etc.). Cuando los miembros comparten sus situaciones y peticiones de oración, aquellos que se encuentran más desanimados pueden recibir acompañamiento y aliento. Esta dinámica evita que el desaliento se cronifique. - Transparencia en la gestión y la comunicación
Muchos conflictos en la iglesia surgen por la falta de transparencia en la administración financiera, en asuntos de personal o en la toma de decisiones, lo cual puede generar desaliento. El pastor David Jang subraya: “La iglesia debe ser más transparente y justa que el mundo”. Si los líderes informan con sinceridad a la congregación sobre los aspectos principales y recogen sus opiniones, los creyentes, en vez de desanimarse, responden con confianza y sentido de responsabilidad. - Cuidado espiritual de los líderes
Cuando los pastores o el equipo ministerial se desalientan, la iglesia entera pierde impulso. Por ello, la iglesia debe brindarles a sus líderes ocasiones de renovación espiritual (vacaciones, formación continua, reuniones con otros colegas), así como el tiempo y los recursos necesarios para prevenir el agotamiento.
Especialmente en fechas clave como la Navidad, la Pascua o el fin de año, la iglesia puede organizar eventos que inviten a los que están desanimados, predicando el evangelio con mayor profundidad. Por ejemplo, se puede celebrar una “Conferencia Navideña de Superación del Desaliento” o un “Programa de Acción de Gracias y Testimonios de Fin de Año”. Escuchar cómo otros vencieron el desaliento a través de la oración y la Palabra puede ser un poderoso estímulo tanto para la congregación como para los invitados. El pastor David Jang hace hincapié en la importancia de “no limitarse a decir ‘no te quedes ahí postrado’, sino en invitar a las personas a venir a la iglesia para buscar juntos un camino de sanidad”. De este modo, la iglesia deja de ser un simple “lugar de eventos” para convertirse en una “comunidad sanadora” capaz de ministrar a las almas.
Asimismo, la cultura de superar el desaliento no debe quedar dentro de los muros de la iglesia, sino que ha de extenderse a la comunidad local. Es posible servir a vecinos desempleados, en bancarrota o enfermos, proporcionándoles asistencia y asesoramiento, escuchando sus problemas y presentándoles el evangelio. Cuando la iglesia practica tal cuidado amoroso por los más desanimados, la sociedad ve en ella una manifestación concreta del “poder del evangelio”. El pastor David Jang comenta: “Si la iglesia se conforma con enfocarse sólo en actividades internas, incluso los miembros pueden seguir sumidos en el desaliento. Es más bien al salir y servir a quienes están abatidos que la comunidad cristiana redescubre la fuerza renovadora del evangelio”.
4. Navidad y superación del desaliento: La iglesia como invitación a una esperanza eterna
La Navidad es una época propicia para que la iglesia se acerque al mundo y anuncie el evangelio. Sin embargo, a menudo se corre el riesgo de centrarse tanto en eventos y celebraciones que se descuida la pregunta fundamental: “¿Por qué es importante el nacimiento de Jesucristo?”. El pastor David Jang propone que la iglesia utilice la Navidad para “invitar a quienes están desanimados a encontrarse con el evangelio”. El hecho de que Jesús naciera en un pesebre, asumiendo nuestra debilidad, está directamente relacionado con el concepto de “vaso de barro y tesoro” de 2 Corintios 4.
- La humildad de Cristo y los vasos de barro
Nacer en un pesebre muestra que Jesús se despojó de toda “gloria divina” para compartir nuestra condición de debilidad. Esto ilustra la realidad de un Dios que entra personalmente en nuestra humanidad frágil, simbolizada por el “vaso de barro”. - La cruz y el tesoro
El nacimiento de Jesús conduce, en última instancia, a la cruz y a la resurrección. El evangelio, ese “tesoro”, nos revela por qué necesitamos a Cristo y cómo Él consumó nuestra salvación. Aunque el desaliento parezca llevarnos a la muerte, el triunfo de Cristo sobre la muerte es el golpe definitivo contra todo desaliento. - Una esperanza eterna
La Navidad proclama: “Dios con nosotros” (Emanuel). Es la manifestación tangible de “lo invisible y eterno” en nuestro mundo. En época de fin de año, cuando la gente puede sentir vacíos o cansancio, la iglesia debe presentar la respuesta desde esta perspectiva de eternidad.
De manera práctica, la iglesia puede organizar retiros o talleres de fin de año bajo el lema “Superación del Desaliento” y basarse en 2 Corintios 4 para conectar desaliento y evangelio. Incluir testimonios reales y debates en grupos pequeños podría impactar tanto a los miembros como a los invitados, mostrando que “esta iglesia no hace sólo eventos, sino que se preocupa de verdad por mi desaliento”. El pastor David Jang aconseja que, al planificar este tipo de programas, “no se aborde sólo con lenguaje religioso; hay que empatizar con la realidad de la gente y luego vincular naturalmente los principios bíblicos”. Cuando las personas nuevas que asisten a la iglesia en esta fecha conocen el evangelio y logran salir de su desaliento, ello se convierte en un motivo de gran celebración y gozo para la comunidad de fe.
Asimismo, al servir a la comunidad durante la Navidad, se puede transmitir simultáneamente el mensaje de “superación del desaliento”. Por ejemplo, al entregar obsequios a ancianos que viven solos u otros colectivos vulnerables, se puede recalcar el sentido espiritual de la acción: “Así como Jesús compartió nuestra debilidad, nosotros hoy compartimos el sufrimiento de nuestro prójimo”. Tanto quien da como quien recibe se encuentran con la fuerza del evangelio para vencer el desaliento de manera muy tangible. Cuando la iglesia vive la esencia de la Navidad como “Dios hecho hombre para socorrernos en nuestro abatimiento”, el mundo percibe con claridad “verdaderamente el evangelio tiene poder para romper el desaliento”.
En conclusión, para superar el desaliento, la iglesia debe anclarse en la enseñanza de 2 Corintios 4 y reformar sus ministerios y su cultura en torno a ello. Proclamando en los cultos el poder del evangelio, cuidando a los creyentes en los grupos pequeños, liderando con transparencia y comprometidos con los más vulnerables, la iglesia puede convertirse en una comunidad que “no se desanima”. El pastor David Jang describe esta transformación como la “concreción del evangelio”, es decir, que el evangelio deje de ser un mero conocimiento teórico o doctrinal y pase a ser una fuerza real que responde al problema concreto del desaliento. Solo entonces la iglesia podrá llevar al mundo una verdadera esperanza.
