El poder del evangelio que supera el desaliento – Pastor David Jang


1. La necesidad de una fe que no se desalienta y la declaración de 2 Corintios 4

En nuestra vida enfrentamos innumerables desafíos y adversidades. Fracasos, enfermedades, rupturas en las relaciones, dificultades financieras o accidentes imprevistos pueden hacernos caer fácilmente en el sentimiento de “desaliento”. Cuando este desaliento se profundiza, disminuye nuestra motivación, perdemos el sentido de dirección en la vida e incluso, en casos extremos, podemos sentir deseos de renunciar a todo. Sin embargo, la Biblia no ignora ni embellece este “desaliento”. Al contrario, muestra vívidamente a muchos personajes que vivieron experiencias de desaliento pero lograron superarlas.

Uno de los pasajes centrales que abordan el tema del desaliento es 2 Corintios 4. En este capítulo, el apóstol Pablo declara dos veces: “No nos desanimamos” (versículos 1 y 16). Pablo, en su labor de predicar el evangelio itinerando por diversas ciudades, fue apedreado hasta quedar casi inconsciente y, en ocasiones, encarcelado injustamente (2 Co 11). Aun así, en 2 Corintios 4 él proclama que, “aunque estamos atribulados en todo, no estamos angustiados; en apuros, mas no desesperados” (v. 8). ¿Cómo pudo hacer semejante confesión?

El pastor David Jang, quien ha servido por mucho tiempo tanto dentro como fuera de la iglesia en Corea, enseña cómo aplicar hoy en día el “secreto para superar el desaliento” de 2 Corintios 4 en la vida de la iglesia y de cada creyente. Él recalca que “la superación del desaliento de la que habla Pablo no es una simple cuestión de fuerza mental o pensamiento positivo, sino que se basa en el poder del evangelio”. En 2 Corintios 4:7, Pablo dice: “Tenemos este tesoro en vasos de barro”. Allí, el “tesoro” simboliza el evangelio de Jesucristo, y el “vaso de barro” representa la fragilidad humana. Nuestra debilidad, que normalmente produciría desaliento, contiene el evangelio que obra con poder para ayudarnos a trascenderlo. Esta metáfora del “vaso de barro y el tesoro” constituye el tema central de 2 Corintios 4, y el pastor David Jang añade: “Aunque parezca fácil de entender, aferrarse realmente a esta enseñanza en la vida diaria hace posible experimentar de manera asombrosa la victoria sobre el desaliento”.

Además, Pablo declara que aunque nuestro “hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Co 4:16). Esto sugiere que nuestras dificultades en la vida real pueden transformarse en oportunidades de crecimiento espiritual. Aunque, a ojos humanos, la situación parezca empeorar, el creyente arraigado en el evangelio ve su interior hacerse más profundo y firme, una paradoja que confirma la experiencia del apóstol Pablo. Incluso encarcelado, Pablo escribió cartas para animar a la iglesia y preocuparse por el desaliento de otros creyentes. El pastor David Jang comenta al respecto: “El desaliento es una realidad humana inevitable, pero para quien vive con el evangelio, nunca será la conclusión definitiva”.

El tema del desaliento, por tanto, es muy relevante para toda la fe cristiana. Muchos creyentes lo experimentan especialmente al hacer balance del año, al prepararse para una nueva etapa o ante situaciones repentinas de prueba. Si la iglesia no aborda debidamente esta cuestión, el consuelo y el poder del evangelio pueden convertirse en un simple lema vacío. Entonces, ¿cómo superar de forma práctica el desaliento y cómo puede la iglesia, a nivel comunitario, apoyar ese proceso? En los siguientes puntos, examinaremos el “plan de acción para superar el desaliento”, basado en las enseñanzas del pastor David Jang y en 2 Corintios 4.


2. Vasos de barro y tesoro: Principios teológicos y espirituales para superar el desaliento

Para entender la declaración de Pablo “no nos desanimamos”, es fundamental profundizar en el pasaje de 2 Corintios 4:7, “tenemos este tesoro en vasos de barro”. Pablo compara a los seres humanos frágiles con “vasos de barro”. Estos se rompen con facilidad, no brillan por su apariencia y tampoco son muy valiosos. En contraste, el “tesoro” que se halla dentro de ellos es el evangelio de Jesucristo y el poder mismo que trae la salvación. Según Pablo, el ser humano, aun enfrentando el desaliento, puede llevar una vida completamente diferente gracias a este evangelio.

  1. La fragilidad humana (vasos de barro)
    Una de las mayores causas del desaliento es darnos cuenta de nuestras propias limitaciones. Cuando, por más que nos esforcemos, la situación no mejora, o cuando experimentamos fracasos y desilusiones repetidas, el ser humano se deprime con facilidad. El pastor David Jang señala: “Si uno no reconoce que es un vaso de barro, corre el riesgo de volverse orgulloso o, en el otro extremo, caer en una desesperación excesiva”. Es decir, al saber que somos “vasos de barro”, mantenemos el equilibrio: ni nos volvemos arrogantes creyendo que podemos hacerlo todo, ni caemos en el extremo del “yo no puedo hacer nada”.
  2. El poder del evangelio (el tesoro)
    Frente a la debilidad del “vaso de barro”, el evangelio, representado como un “tesoro”, tiene un valor infinito. El perdón de pecados y la vida eterna ofrecidos por la cruz y la resurrección de Jesucristo superan cualquier problema que exista en el mundo. El pastor David Jang afirma: “El desaliento generalmente surge cuando nos fijamos en nuestras limitaciones o errores, o en la presión del entorno, pero el evangelio revela la voluntad y el amor de Dios que sobrepasan esos límites”. Para salir del desaliento, debemos experimentar realmente este “tesoro”.
  3. El ministerio que nace de la gracia y la misericordia
    En 2 Corintios 4:1, Pablo dice: “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos”. Esto significa que la superación del desaliento empieza no con “nuestra capacidad”, sino con la “gracia de Dios”. Todo ministerio en la iglesia (de pastores, ancianos, diáconos o cualquier servicio) proviene de la gracia de Dios; por eso, cuando surgen problemas, recordamos que “no lo hacemos porque seamos capaces; fue Dios quien comenzó y es Él quien se hace responsable”. El pastor David Jang añade: “La iglesia que se aferra a esta fe puede tambalearse, pero no se derrumbará fácilmente”.
  4. Lo visible y lo invisible
    2 Corintios 4:18 afirma: “Lo que se ve es temporal, pero lo que no se ve es eterno”. El desaliento aumenta cuando centramos nuestra atención en la escasez o el fracaso que tenemos delante de los ojos. Sin embargo, al contemplar el reino eterno y la obra salvadora de Dios, comprendemos que nuestras dificultades presentes no lo son todo. Ante esa realidad mayor, se abre un horizonte de esperanza más grande que el desaliento. Esto implica que una “visión eterna” desempeña un papel decisivo en la superación del desaliento.

En resumen, para superar verdaderamente el desaliento es preciso entender la paradoja que existe entre la debilidad humana y el poder del evangelio que llevamos dentro. El pastor David Jang diagnostica: “El desaliento no proviene únicamente de la debilidad o de las circunstancias, sino de no experimentar realmente el poder del evangelio”. Si la iglesia diseña sus cultos y ministerios de manera que fomenten esta vivencia del evangelio, el desaliento dejará de ser una simple “emoción negativa” y se convertirá, más bien, en una oportunidad para un “crecimiento espiritual más profundo”.


3. Dirección ministerial de la iglesia hacia una comunidad sin desaliento

El problema del desaliento no se limita a la esfera personal o psicológica. También puede surgir cuando la iglesia atraviesa conflictos, secularización, problemas financieros u otros desafíos, lo cual puede desanimar a sus miembros. Además, si un líder se encuentra en un estado de desaliento profundo, la comunidad entera puede verse gravemente afectada. Teniendo esto en cuenta, el pastor David Jang propone que la iglesia fomente intencionalmente una cultura que ayude a superar el desaliento.

  • Cultos centrados en la Palabra
    En el tiempo de culto, la predicación debe recalcar con claridad la esencia del evangelio y, apoyándose en pasajes como 2 Corintios 4, recordar que el desaliento es parte de nuestra naturaleza humana, pero que el evangelio puede superarlo. Conforme los creyentes escuchan repetidamente este mensaje, comienzan a ver el desaliento como algo “superable”.
  • Pequeños grupos y cuidado pastoral
    Para que nadie quede abandonado en su desaliento, la iglesia debe organizar bien sus sistemas de grupos pequeños (células, grupos de hogar, etc.). Cuando los miembros comparten sus situaciones y peticiones de oración, aquellos que se encuentran más desanimados pueden recibir acompañamiento y aliento. Esta dinámica evita que el desaliento se cronifique.
  • Transparencia en la gestión y la comunicación
    Muchos conflictos en la iglesia surgen por la falta de transparencia en la administración financiera, en asuntos de personal o en la toma de decisiones, lo cual puede generar desaliento. El pastor David Jang subraya: “La iglesia debe ser más transparente y justa que el mundo”. Si los líderes informan con sinceridad a la congregación sobre los aspectos principales y recogen sus opiniones, los creyentes, en vez de desanimarse, responden con confianza y sentido de responsabilidad.
  • Cuidado espiritual de los líderes
    Cuando los pastores o el equipo ministerial se desalientan, la iglesia entera pierde impulso. Por ello, la iglesia debe brindarles a sus líderes ocasiones de renovación espiritual (vacaciones, formación continua, reuniones con otros colegas), así como el tiempo y los recursos necesarios para prevenir el agotamiento.

Especialmente en fechas clave como la Navidad, la Pascua o el fin de año, la iglesia puede organizar eventos que inviten a los que están desanimados, predicando el evangelio con mayor profundidad. Por ejemplo, se puede celebrar una “Conferencia Navideña de Superación del Desaliento” o un “Programa de Acción de Gracias y Testimonios de Fin de Año”. Escuchar cómo otros vencieron el desaliento a través de la oración y la Palabra puede ser un poderoso estímulo tanto para la congregación como para los invitados. El pastor David Jang hace hincapié en la importancia de “no limitarse a decir ‘no te quedes ahí postrado’, sino en invitar a las personas a venir a la iglesia para buscar juntos un camino de sanidad”. De este modo, la iglesia deja de ser un simple “lugar de eventos” para convertirse en una “comunidad sanadora” capaz de ministrar a las almas.

Asimismo, la cultura de superar el desaliento no debe quedar dentro de los muros de la iglesia, sino que ha de extenderse a la comunidad local. Es posible servir a vecinos desempleados, en bancarrota o enfermos, proporcionándoles asistencia y asesoramiento, escuchando sus problemas y presentándoles el evangelio. Cuando la iglesia practica tal cuidado amoroso por los más desanimados, la sociedad ve en ella una manifestación concreta del “poder del evangelio”. El pastor David Jang comenta: “Si la iglesia se conforma con enfocarse sólo en actividades internas, incluso los miembros pueden seguir sumidos en el desaliento. Es más bien al salir y servir a quienes están abatidos que la comunidad cristiana redescubre la fuerza renovadora del evangelio”.


4. Navidad y superación del desaliento: La iglesia como invitación a una esperanza eterna

La Navidad es una época propicia para que la iglesia se acerque al mundo y anuncie el evangelio. Sin embargo, a menudo se corre el riesgo de centrarse tanto en eventos y celebraciones que se descuida la pregunta fundamental: “¿Por qué es importante el nacimiento de Jesucristo?”. El pastor David Jang propone que la iglesia utilice la Navidad para “invitar a quienes están desanimados a encontrarse con el evangelio”. El hecho de que Jesús naciera en un pesebre, asumiendo nuestra debilidad, está directamente relacionado con el concepto de “vaso de barro y tesoro” de 2 Corintios 4.

  • La humildad de Cristo y los vasos de barro
    Nacer en un pesebre muestra que Jesús se despojó de toda “gloria divina” para compartir nuestra condición de debilidad. Esto ilustra la realidad de un Dios que entra personalmente en nuestra humanidad frágil, simbolizada por el “vaso de barro”.
  • La cruz y el tesoro
    El nacimiento de Jesús conduce, en última instancia, a la cruz y a la resurrección. El evangelio, ese “tesoro”, nos revela por qué necesitamos a Cristo y cómo Él consumó nuestra salvación. Aunque el desaliento parezca llevarnos a la muerte, el triunfo de Cristo sobre la muerte es el golpe definitivo contra todo desaliento.
  • Una esperanza eterna
    La Navidad proclama: “Dios con nosotros” (Emanuel). Es la manifestación tangible de “lo invisible y eterno” en nuestro mundo. En época de fin de año, cuando la gente puede sentir vacíos o cansancio, la iglesia debe presentar la respuesta desde esta perspectiva de eternidad.

De manera práctica, la iglesia puede organizar retiros o talleres de fin de año bajo el lema “Superación del Desaliento” y basarse en 2 Corintios 4 para conectar desaliento y evangelio. Incluir testimonios reales y debates en grupos pequeños podría impactar tanto a los miembros como a los invitados, mostrando que “esta iglesia no hace sólo eventos, sino que se preocupa de verdad por mi desaliento”. El pastor David Jang aconseja que, al planificar este tipo de programas, “no se aborde sólo con lenguaje religioso; hay que empatizar con la realidad de la gente y luego vincular naturalmente los principios bíblicos”. Cuando las personas nuevas que asisten a la iglesia en esta fecha conocen el evangelio y logran salir de su desaliento, ello se convierte en un motivo de gran celebración y gozo para la comunidad de fe.

Asimismo, al servir a la comunidad durante la Navidad, se puede transmitir simultáneamente el mensaje de “superación del desaliento”. Por ejemplo, al entregar obsequios a ancianos que viven solos u otros colectivos vulnerables, se puede recalcar el sentido espiritual de la acción: “Así como Jesús compartió nuestra debilidad, nosotros hoy compartimos el sufrimiento de nuestro prójimo”. Tanto quien da como quien recibe se encuentran con la fuerza del evangelio para vencer el desaliento de manera muy tangible. Cuando la iglesia vive la esencia de la Navidad como “Dios hecho hombre para socorrernos en nuestro abatimiento”, el mundo percibe con claridad “verdaderamente el evangelio tiene poder para romper el desaliento”.

En conclusión, para superar el desaliento, la iglesia debe anclarse en la enseñanza de 2 Corintios 4 y reformar sus ministerios y su cultura en torno a ello. Proclamando en los cultos el poder del evangelio, cuidando a los creyentes en los grupos pequeños, liderando con transparencia y comprometidos con los más vulnerables, la iglesia puede convertirse en una comunidad que “no se desanima”. El pastor David Jang describe esta transformación como la “concreción del evangelio”, es decir, que el evangelio deje de ser un mero conocimiento teórico o doctrinal y pase a ser una fuerza real que responde al problema concreto del desaliento. Solo entonces la iglesia podrá llevar al mundo una verdadera esperanza.

The Secret of the Gospel – Pastor David Jang 


1. A Proper Understanding of Suffering and the Hope of Glory

When we meditate deeply on Colossians 1:24–29, as preached by Pastor David Jang, we realize how crucial the apostle Paul’s understanding of “suffering” truly is. Through multiple sermons and lectures, Pastor Jang emphasizes that suffering is never in vain; rather, it is an indispensable process within God’s plan of salvation that inevitably accompanies glory. This does not mean we glorify pain itself or naïvely affirm suffering. Rather, it teaches that for Christians, the suffering we encounter reveals the “glory” hidden within us. In particular, Paul’s confession in Colossians 1:24—“Now I rejoice in my sufferings for your sake”—serves as an excellent guide for how believers should respond when trials come. By summarizing Paul’s posture toward suffering as “joy,” Pastor Jang contrasts the worldly perspective with one of faith, urging us not to lose heart or give up even in severe tribulation or adversity. Instead, he insists that we discover the meaning of such suffering, reaffirming that it ultimately serves as a pathway to glory.

Pastor David Jang recommends examining Paul’s view of suffering as found in other letters such as Second Corinthians and Romans. For instance, Romans 8:18 says, “For I consider that the sufferings of this present time are not worth comparing with the glory that is to be revealed to us,” showing the close connection between suffering and glory. In 2 Corinthians 1, Paul confesses that his suffering led him to rely on God more deeply, through which he experienced comfort. Pastor Jang emphasizes that Paul’s confession is not merely a personal anecdote of the apostle but a “law of faith” given to all believers. In other words, when suffering comes, we should not only feel sadness or discouragement but also trust in the mysterious plan of God that connects suffering to glory. In that trust, we can endure with expectation and hope.

Even to the Colossian church—a community Paul did not personally evangelize or found—he proclaims that, despite his own imprisonment, the gospel has not been hindered at all. Pastor Jang cites Philippians as an example, noting how Paul, in the extreme situation of prison, exclaims, “Rather it has served to advance the gospel.” From this, Pastor Jang reiterates that even when suffering comes, it can never halt God’s work but is instead used to fulfill God’s purpose. Ultimately, suffering is for the sake of the Lord’s kingdom, a holy path that leads us to participate in the resurrection of the Lord who passed through the cross. Pastor Jang repeatedly points out that without the way of the cross, there can be no resurrection and no glory. For Christians, therefore, it is only right that we walk this path, and here Paul sings of “the joy of participating in these sufferings.” This is the essential point.

Furthermore, Colossians 1:24 mentions “filling up what is lacking in Christ’s afflictions in my flesh for the sake of his body, that is, the church.” This indicates that Paul viewed his own suffering as something he gladly “fills up” to build and expand the body of Christ, the church. Pastor Jang explains in detail that, although complete salvation was already accomplished on the cross, the expression “what is lacking in Christ’s afflictions” can sound contradictory at first. What Paul means by “remaining suffering” is the portion that the church community collectively bears and participates in as God’s grand work of salvation unfolds and is completed in the world through the church. Christ’s death and resurrection opened the door of salvation fully, yet until the end of the age, there remains for the church the labor and hardships of preaching the gospel and walking in the Lord’s way. Paul, by filling that up in his own body—that is, by regarding all the tribulations and adversities he endures for the sake of establishing the church as a joy—demonstrates a real process by which suffering turns into glory. Pastor Jang insists that believers must firmly imprint such a life and confession of Paul in their hearts.

In conclusion, Pastor Jang argues that the true understanding of suffering is not merely “endurance” or “positivity” but a faith-based insight directly linked to “glory.” He repeatedly stresses the need to view suffering as a doorway to glory by carefully observing the impact of suffering, the direction it leads, and the results it brings, and by adopting an attitude of deeper reliance on God through it. Additionally, Pastor Jang often references 2 Corinthians 4, where Paul declares, “We are afflicted in every way, but not crushed; perplexed, but not driven to despair.” He explains that these words clearly show the spirit of one who understands suffering through faith. Such an attitude is possible only upon the firm assurance that our redeemed status is anchored in heaven, that Christ’s Spirit is with us, and that the resurrection and eternal kingdom await us. And this attitude is by no means an empty, baseless hope, for it is founded upon the concrete event of the cross and the resurrection—a “substantial hope,” as Pastor Jang calls it.

Paul revisits the mystery of salvation in Colossians 1:25–27, referring to it as something “hidden for ages and generations but now revealed to his saints.” Pastor Jang highlights that from ancient times, God’s plan of salvation was hidden within human history and was finally made clear through Jesus Christ. This is the greatest source of assurance and joy for believers. Because of the cross and resurrection of Jesus Christ, the door of salvation has been fully opened to all Gentiles, and it is through this that churches like Colossae and churches today are included in the gospel. Hence this gospel can truly be called the “hope of glory.” Pastor Jang explains why Paul refers to salvation as a “mystery” (mysterion) and urges us to be thankful and filled with wonder that we live in an era when this marvelous secret has been revealed.

Ultimately, Pastor Jang reiterates that believers must remember Paul’s teaching: “The sufferings of the present are by no means the end, but merely a light momentary affliction when compared to the glory God has prepared.” Without such faith—believing that any suffering will surely lead to glory in God’s redemptive plan—it is difficult to walk the narrow path of the world, the way of the cross, as a Christian. That path leads to resurrection, reward, and glory. Because of that, we can grasp the paradoxical expression in Colossians 1:24: “I rejoice in my sufferings.” Pastor Jang teaches that this is indeed the posture of a true Christian.


2. God’s Plan of Salvation, the Secret of the Gospel

Pastor David Jang places great importance on Colossians 1:26–27, where it says, “the mystery hidden for ages and generations but now revealed to his saints.” The Greek word for “mystery” here is mysterion, from which the English word “mystery” derives. Paul proclaims that this mystery “is now revealed to his saints,” and Pastor Jang interprets this as the decisive unveiling of God’s “plan to save humanity,” which had been prophesied since Old Testament times but never fully understood until the cross and resurrection. Indeed, Ephesians 3 addresses a similar context, emphasizing that “the mystery once hidden has now been revealed even to the Gentiles.” Following Paul’s logic, Pastor Jang stresses how we should notice that God’s plan of salvation extends beyond Israel to all humankind.

Pastor Jang specifically references Romans 9–11 to show how Paul proclaims that the gospel, ironically and mysteriously, expanded to the Gentiles because the originally chosen people—Israel—failed to accept it. Israel’s rejection of Jesus Christ did not obstruct God’s salvation plan but instead served as the very “trigger” for the gospel to spread throughout the entire world. Concerning this, Paul exclaims, “Oh, the depth of the riches and wisdom and knowledge of God!” (Rom. 11:33). Pastor Jang believes this passage illustrates how God’s “mystery” has unfolded in human history. From long ago, God had a plan to save humanity—not limited to a particular people or group but opened to the whole world—and thus revealed the fundamental universality of the gospel.

Continuing, in Colossians 1:27, Paul pinpoints the core of this mystery as “Christ in you.” He then calls it “the hope of glory.” Pastor Jang places special emphasis on “Christ in you.” In other words, the secret of the gospel is not just external knowledge or fact; rather, it is a power and relationship that operates tangibly in the life of the believer through the indwelling Holy Spirit. That relationship becomes the driving force for believers to live as new creations. In Romans 8, Paul declares, “Anyone who does not have the Spirit of Christ does not belong to him,” and, “If Christ is in you, although the body is dead because of sin, the Spirit is life because of righteousness.” Pastor Jang continually teaches that this indwelling Spirit is the essential power of salvation. It does not stop at a mere prayer of repentance or acceptance of a particular doctrine but rather signifies a real power that transforms us in every facet of life.

Thus, the secret of the gospel is not limited to the declaration, “My sins have been forgiven once for all, and I am eternally saved.” It also includes intimate union with Christ, the holy indwelling of the Holy Spirit, and the hope of eternal life. Pastor Jang explains that this is at the heart of Colossians 1:26–27. Moreover, when Paul says, “Now it is revealed to his saints,” it refers not merely to the Jews or the people of Israel; it encompasses the universal church, including the Gentiles. Hence the predominantly Gentile church at Colossae also participated in this mystery of salvation, just as churches around the world do today. This fact itself is evidence that “the secret of the gospel has been extended to all humankind.”

Pastor Jang urges believers not to lose sight of the overwhelming wonder that God’s grand plan of salvation, which has spanned all ages, has reached each of our lives. People often assume their faith is the result of random choices or environmental factors. In reality, however, we must realize that we have been included in the salvation plan God prepared from before time began. Once we grasp this, our life of faith ceases to be a mere religious exercise, transforming instead into participation in the majestic work of God’s salvation. For this reason, Pastor Jang repeatedly exhorts us to meditate deeply on how much meaning is contained in that single phrase: “the mystery of the gospel has been revealed to the saints.”

Paul, in Acts 28, laments the state of the world that “has eyes but does not see, and has ears but does not hear,” because it does not know this mystery. Pastor Jang calls this the “mystery of unbelief,” describing it as “the tragedy of not seeing the open way of the gospel so clearly laid out by God.” Indeed, Pastor Jang, who has traveled to many countries, planting churches and equipping pastors, testifies that he has seen countless individuals who neither hear nor see even when the gospel is preached. At the same time, he has also witnessed many who, having accepted God’s grace, are filled with inexpressible joy. Ultimately, recognizing or failing to recognize the mystery of the gospel is the defining fork in the road of life, and it is also “the wisdom that leads to salvation.” Although the mystery remains hidden, it is by no means entirely blocked; it is God’s gift, open to those who come by faith, guiding them to the center of glory, teaches Pastor Jang.

Concluding this point, Pastor Jang exhorts the church today to revisit this secret of the gospel. It is not just a matter of denominational or doctrinal differences but speaks of the vast salvation narrative God has designed from before creation, fulfilled through the cross and resurrection of Jesus Christ, and applied throughout the world by the Holy Spirit. We locate our own faith within that unfolding narrative. When this realization becomes clear, faith moves beyond mere religious routine or habit to become an act of joyful participation in the transcendent and glorious drama of salvation. This is precisely what Pastor Jang calls “the life of believers who hold fast to the secret of the gospel.”


3. The Indwelling of the Holy Spirit and the Life of the Saints

Turning to Colossians 1:28–29, Pastor David Jang emphasizes the “complete maturity of believers” as the ultimate aim to which Paul aspires. Colossians 1:28 says, “Him we proclaim, warning everyone and teaching everyone with all wisdom, that we may present everyone mature in Christ.” Pastor Jang draws attention to two key verbs here: “proclaim” and “teach.” He notes that believers are both heralds who proclaim the gospel and teachers who instruct others in its deeper meaning, thus nurturing and establishing them. This corresponds exactly with the Great Commission in Matthew 28, where Jesus commands us to preach the gospel to all nations, make disciples, and teach them—baptizing them in the name of the Triune God. Pastor Jang repeatedly emphasizes that this is the very purpose of the church’s existence.

How then can believers fulfill this mission? According to Pastor Jang, Colossians 1:29 provides the answer: “For this I toil, struggling with all his energy that he powerfully works within me.” The “powerfully works within me” refers clearly to the Holy Spirit. Paul is not proclaiming the gospel through his own intellect or strength; rather, he endures suffering, faces danger, spreads the gospel, plants churches, and leads believers to maturity through the power of the indwelling Holy Spirit. In this context, Pastor Jang often cites 1 Corinthians 3:16 and 6:19: “Do you not know that you are God’s temple and that God’s Spirit dwells in you?” He reminds believers that, having become temples of the Holy Spirit, they should not be governed by worldly values and desires but should recognize themselves as God’s holy dwelling place.

The fact that the Holy Spirit dwells within us is both the definitive proof of our salvation and the foundational principle guiding our daily lives. Pastor Jang warns against reducing the doctrine of the Holy Spirit’s indwelling to a mere “theological concept” or “theory,” urging believers to ponder daily how to hear the Holy Spirit’s voice and bear the fruit of the Spirit in practical life. As detailed in Galatians 5:22–23, the fruit of the Spirit includes love, joy, peace, patience, kindness, goodness, faithfulness, gentleness, and self-control—these are the very traits that manifest when the Spirit actively works within us, transforming our character and serving as the most visible indicator of a believer’s changed life.

Along with the indwelling of the Holy Spirit, Pastor Jang underscores the word “stewardship” when he speaks of our earthly ministry. In Colossians 1:25, Paul says, “I became a minister of the church according to the stewardship from God that was given to me for you” (NIV). This implies a responsibility similar to that of a servant managing the master’s property. All that we possess—our lives, talents, finances, time, and especially the gospel—has been entrusted to us by God, and we have the duty to manage and use these resources faithfully for “proclaiming the gospel,” “serving our neighbors,” and “building up God’s kingdom.” Pastor Jang emphasizes that this sense of responsibility as stewards is an inevitable stance required of believers who are indwelt by the Holy Spirit. In other words, nothing we have truly belongs to us; rather, we must devote it wholeheartedly to proclaiming the gospel, serving others, and establishing God’s kingdom.

Pastor Jang points out that many modern churches and believers sometimes fall into spiritual lethargy or helplessness, often due to the human perception that “I alone must bear all the responsibility,” or that “serving the church requires too many sacrifices and hardships.” But, as seen in Paul’s example, genuine transformative power comes from “the One who works mightily within us,” namely the Holy Spirit, and we must never forget this, Pastor Jang stresses. Even though Paul was imprisoned, churches in places like Colossae and Philippi continued to grow in the gospel, showing us that it depended not on Paul’s personal abilities but on “God’s power.” Hence, Pastor Jang persistently advises believers, “Rely on the Holy Spirit. Be conscious of the indwelling Holy Spirit every moment.” Without the Holy Spirit, any attempt to build the church in our own strength will inevitably meet its limit and result in discord.

Pastor Jang has personally witnessed multiple examples of the Holy Spirit’s tangible work in various mission fields and churches across many nations. In places where it was difficult to preach the gospel, believers persisted in prayer, and astonishing doors opened. Under persecution, churches often became stronger rather than collapsing. For this reason, he testifies that Paul’s declaration—“the suffering that comes in serving the Lord is never in vain”—remains as valid today as ever, and it applies to anyone who devotes themselves to ministry in the church. As in 2 Corinthians 4, where Paul says, “We are afflicted in every way, but not crushed; perplexed, but not driven to despair,” those filled with the Spirit can stand again even in the worst adversities and persecutions, thanks to “the help of the Spirit who dwells in us.” Pastor Jang insists that this is precisely the believer’s privilege and power.

Moreover, Pastor Jang encourages believers to go beyond merely “overcoming suffering” and instead actively build up the church, serve their neighbors, and rejoice in spreading the gospel. In Philippians, Paul, even in prison, exhorts believers to “rejoice,” implying that the very acts of proclaiming the gospel and serving the church community are themselves sources of joy. Indeed, Pastor Jang has encountered many church leaders and believers who, despite financial lack or intense persecution, experience great joy in worship and service. This kind of joy simply cannot be explained by worldly logic; he describes it as “a gift from God made possible by the Holy Spirit’s presence.”

Thus, Colossians 1:24–29 covers themes of “suffering and glory,” “the secret of the gospel,” “the indwelling of the Holy Spirit and the believer’s stewardship,” and “proclaiming the gospel and nurturing believers”—all interconnected by the cross, the resurrection, and the indwelling Spirit of Christ. Finally, Pastor Jang underscores, “Now that we possess this truth, we must arise.” Though the path of faith is certainly not an easy one, it is the way of the Lord, who walked it first, and the Holy Spirit walks with us. Knowing this, we can traverse the narrow and treacherous path with the certainty that it ultimately leads to glory. Clinging tightly to the message of Colossians, believers need not drift along like dead fish in the current of life but can live dynamically, filled with joy, gratitude, and hope, Pastor Jang encourages.

Pastor Jang concludes by citing this passage, blessing all believers so that, like Paul, they may “rejoice in sufferings” in the midst of paradox and faithfully fulfill their calling. If all our labors in serving the church and mission fields ultimately contribute to spreading the mystery of “Christ in you” to many souls, then no suffering is ever wasted. This is the core message of Pastor David Jang—“to participate joyfully in suffering, to serve the church through the power of the Holy Spirit, and to look toward glory.” This message, Pastor Jang explains, is confirmed throughout Paul’s other letters such as Ephesians, Philippians, Romans, and Second Corinthians, and it is the essence of Paul’s theology that he passionately reminds modern believers of time and again.

By carefully studying even this short passage—Colossians 1:24–29—we discover God’s plan of salvation, ordained from before the ages, the secret of the gospel, the church’s calling to fill up what is lacking in Christ’s afflictions with joy, and the divine power we have to endure all suffering and proclaim the gospel through the indwelling Holy Spirit. If we truly grasp all these things, Pastor Jang declares, our life of faith will advance to an entirely new dimension. He repeatedly emphasizes, “Remember that you must have the Spirit of Christ in you to belong to Christ. That Spirit will lead you to glory.” A life filled with the Holy Spirit is, in the end, the one sure and certain way believers must walk. This is the stance Pastor David Jang has reiterated many times, urging believers to put it into practice, and it forms the bedrock of the gospel life that all Christians should pursue—both within and beyond the church walls.

El Misterio del Evangelio – Pastor David Jang 


1. Una comprensión correcta del sufrimiento y la esperanza de la gloria

Al meditar profundamente en el pasaje de Colosenses 1:24-29 que el Pastor David Jang expone, uno se da cuenta de la gran importancia de la comprensión que el apóstol Pablo tenía acerca del “sufrimiento”. El pastor, a través de varios sermones y enseñanzas, enfatiza que el sufrimiento nunca es en vano, sino que dentro del plan de salvación de Dios, este proceso va siempre acompañado de gloria. Esto no significa glorificar el sufrimiento en sí mismo o verlo simplemente de manera positiva, sino reconocer que el sufrimiento que experimentamos al vivir como cristianos se convierte en un camino para revelar la “gloria” escondida en nuestro interior.

En particular, la confesión de Pablo en Colosenses 1:24: “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros…” se presenta como una referencia sobre cómo los creyentes deben enfrentar el sufrimiento que se presenta en sus vidas. El pastor destaca que la actitud de Pablo ante el sufrimiento se resume en el término “gozo”. Contrariamente a la perspectiva del mundo, cuando nos encontramos con tribulaciones o adversidades extremas, no debemos desanimarnos ni quedarnos atascados, sino descubrir el significado de ese sufrimiento, recordando que, en última instancia, es un canal que nos dirige hacia la gloria.

El Pastor David Jang anima a considerar, junto con esta enseñanza, la comprensión que Pablo demuestra sobre el sufrimiento en otros pasajes, como en 2 Corintios y Romanos. Por ejemplo, Romanos 8:18 dice: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”. Este versículo muestra cuán estrechamente se relacionan el sufrimiento y la gloria. Asimismo, en 2 Corintios 1, Pablo confiesa que, a través del sufrimiento, llegó a confiar más profundamente en Dios y, a la vez, experimentó Su consuelo. El Pastor David Jang resalta que esta confesión no se limita a la experiencia personal de un apóstol, sino que es una “ley de la fe” aplicada a todos los santos. Es decir, cuando llega el sufrimiento, no se trata únicamente de tristeza o desaliento, sino de confiar en el misterio divino de que el sufrimiento conduce a la gloria, de modo que podemos perseverar con esperanza y expectativa.

Aunque Pablo no había fundado directamente la iglesia de Colosas, les transmite a los creyentes de esa comunidad, incluso estando él mismo encarcelado, que el evangelio no se ha detenido en absoluto. El Pastor David Jang cita Filipenses para explicar que Pablo, aun en esa situación extrema de prisión, exclama que “más bien, el evangelio ha progresado”. De este modo, el Pastor David Jang recalca que, aunque llegue el sufrimiento, jamás podrá ser un instrumento para detener la obra de Dios, sino que se usará para cumplir Su propósito. En definitiva, el sufrimiento es para el reino del Señor y, al pasar por la cruz, llegamos a participar en la resurrección del Señor; es un camino sagrado. El Pastor David Jang menciona en reiteradas ocasiones que sin el camino de la cruz que recorrió el Señor no hay resurrección ni gloria. Por lo tanto, para el creyente, este camino es el que debe seguir, y es justamente aquí donde Pablo canta “el gozo de participar en este sufrimiento”.

Además, en Colosenses 1:24 se habla de “lo que falta de las aflicciones de Cristo, en mi carne, por amor de su cuerpo, que es la iglesia”. Esto sugiere que Pablo veía su propio sufrimiento como algo que, por amor a la iglesia, “completaba” con gozo. El Pastor David Jang explica que, aunque la salvación ya se consumó perfectamente en el evento de la cruz de Cristo, la expresión “lo que falta” podría sonar contradictoria. Sin embargo, este “sufrimiento que queda” se refiere a la parte que la comunidad de la iglesia, a lo largo de la historia, tiene que asumir y compartir para que la obra de salvación culmine en el mundo. Si bien el Señor, con Su muerte y resurrección, ha abierto plenamente la puerta de la salvación, hasta el fin de los tiempos la iglesia todavía enfrenta dificultades y trabajos mientras predica el evangelio y recorre el camino del Señor. Pablo va “llenando” esto en su carne, de modo que, al construir la iglesia, considera con gozo todas las aflicciones y adversidades que padece. Precisamente en ese proceso real de transformación del sufrimiento en gloria, el Pastor David Jang insiste en la necesidad de que los creyentes atesoren la vida y la confesión de Pablo.

En consecuencia, la verdadera comprensión del sufrimiento que presenta el Pastor David Jang no se limita a la “paciencia” o a un simple “optimismo”, sino que está conectada con una comprensión espiritual concreta de la “gloria”. Al examinar los efectos del sufrimiento, la dirección en la que conduce y el resultado que produce, el Pastor David Jang enseña que el sufrimiento se convierte en una puerta hacia la gloria y, a través de él, aprendemos aún más a depender de Dios. Además, el Pastor David Jang menciona con frecuencia el capítulo 4 de 2 Corintios, donde Pablo afirma que “estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados”, lo que demuestra la entereza de quien comprende el sufrimiento desde la perspectiva de la fe. Se trata de una actitud que solo es posible sobre la base de la firme convicción de que el creyente, ya salvado, pertenece al cielo, que el Espíritu de Cristo está con él, y que le espera la resurrección y el reino eterno. Y no es una esperanza ciega o en el aire, sino una “esperanza real” cimentada en el hecho histórico y concreto de la cruz y la resurrección, puntualiza el Pastor David Jang.

Por otra parte, es notable la expresión de Pablo en Colosenses 1:25-27, donde se refiere nuevamente al misterio de la salvación y afirma que este “misterio” había estado oculto durante siglos, pero que ahora se ha manifestado. El Pastor David Jang resalta que, desde la antigüedad, el plan de salvación de Dios ha estado “oculto” en la historia de la humanidad y que, cuando llegó el tiempo, se reveló con claridad a través de Jesucristo. Este mensaje, dice el pastor, es motivo de la mayor certidumbre y gozo para los creyentes. Así, mediante la cruz y la resurrección de Jesucristo, la puerta de la salvación fue abierta para todos los gentiles, lo que incluye a la iglesia de Colosas y a la iglesia actual. Por ello, se afirma que el evangelio se convierte, en última instancia, en “la esperanza de gloria”. El Pastor David Jang explica la razón por la que Pablo describe la salvación como un “misterio” (mysterion): estamos viviendo en la época en la que se ha revelado ese maravilloso secreto, y por ello debemos vivir con gratitud y asombro.

En conclusión, el Pastor David Jang reitera que “las aflicciones presentes no son el fin, sino algo que no puede compararse con la gloria que Dios ha preparado”. Sin esta confianza de que el sufrimiento se encamina hacia la gloria dentro del plan de salvación de Dios, es difícil que el cristiano transite por el camino estrecho de la cruz en este mundo. Ese camino conduce a la resurrección, a la recompensa y, finalmente, a la gloria. Por eso, la expresión paradójica de Pablo en Colosenses 1:24: “me gozo en lo que padezco” cobra sentido. El Pastor David Jang enseña que esta es, precisamente, la actitud genuina del cristiano.


2. El plan de salvación de Dios, el misterio del evangelio

El Pastor David Jang considera de suma importancia el pasaje de Colosenses 1:26-27, donde se lee: “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos”. La palabra “misterio” procede del término griego mysterion, de donde proviene la palabra “misterio” en español. Pablo proclama que este misterio “ahora ha sido manifestado a sus santos”, y el Pastor David Jang aclara que esto significa que el “plan de salvación” de Dios, profetizado a lo largo del Antiguo Testamento, pero no plenamente comprendido, se reveló de manera decisiva con la cruz y la resurrección de Jesucristo. En Efesios 3 se expresa algo similar: “el misterio, que había estado oculto, ahora es revelado también a los gentiles”. Siguiendo la línea argumental de Pablo, el Pastor David Jang anima a observar cómo el plan de salvación de Dios no se limitó a Israel, sino que se fue extendiendo a toda la humanidad, resaltando así la importancia de esta “universalidad” del evangelio.

En especial, el Pastor David Jang menciona Romanos 9-11 para explicar cómo el anuncio de Pablo acerca de la salvación revela la profundidad y la sabiduría de la providencia divina: la incredulidad de Israel al rechazar a Jesucristo no frustró el plan de salvación de Dios, sino que, de forma paradójica, posibilitó que el evangelio se extendiera a los gentiles. Esto lleva a Pablo a exclamar: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!” (Romanos 11:33). Según el Pastor David Jang, este pasaje muestra cómo el “misterio” de Dios se ha desarrollado en la historia humana. Dios decidió salvar a la humanidad desde hace mucho tiempo, y esa salvación no se restringe a un solo pueblo o grupo, sino que se ofrece al mundo entero, manifestando así el carácter “universal” del evangelio.

Luego, en Colosenses 1:27, el apóstol Pablo identifica la esencia de ese misterio con la frase “Cristo en vosotros”, a la que llama “la esperanza de gloria”. El Pastor David Jang insiste en subrayar “Cristo en vosotros”. Es decir, el misterio del evangelio no es solo una información externa o un dato histórico, sino una realidad que se hace efectiva en nuestra vida a través del Espíritu Santo que mora en el creyente. Esta relación, basada en la morada de Cristo en el interior, es la fuerza motriz que permite al cristiano vivir como nueva criatura. Pablo, en Romanos 8, declara: “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”; también explica que “si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia”. El Pastor David Jang recalca, una y otra vez, que esta presencia interna del Espíritu constituye la fuerza esencial de la salvación. No se reduce a una oración de arrepentimiento o a la aceptación de una doctrina, sino que es un poder transformador y real en todas las áreas de la vida.

De la misma manera, el misterio del evangelio no termina con la declaración de “mis pecados han sido perdonados de una vez y para siempre y he recibido la salvación eterna”. Más bien, engloba la íntima unión con Cristo, la morada del Espíritu Santo, y la esperanza de la vida eterna. El Pastor David Jang señala que esto es precisamente lo que vemos en Colosenses 1:26-27. Y cuando Pablo dice “ahora ha sido manifestado a sus santos”, se refiere no solo a los judíos o al pueblo de Israel, sino que abarca a los gentiles de manera universal, esto es, a la iglesia de Colosas y a todas las iglesias hasta el día de hoy. Esta realidad confirma que el misterio del evangelio se expandió a todos los pueblos.

El Pastor David Jang advierte que es fundamental no perder la sensación de asombro al entender que este vasto plan de salvación de Dios también ha alcanzado mi propia vida. Solemos pensar que nuestra fe se debe únicamente a un acto individual o a las influencias del entorno, pero en realidad participamos del plan de Dios, quien ha preparado la salvación desde antes de la creación. Cuando uno se da cuenta de esto, la vida de fe deja de ser una actividad religiosa rutinaria y se convierte en la participación en la grandiosa historia salvadora de Dios. Por esa razón, el Pastor David Jang subraya una vez más la necesidad de meditar en la profundidad de la frase “el misterio del evangelio ha sido revelado a los santos”.

Además, el pastor menciona que, en Hechos 28, Pablo lamenta diciendo: “Verán, y no verán; oirán, y no oirán”, ante la ceguera e incredulidad de algunos. David Jang llama a esto “el misterio de la incredulidad”, donde, a pesar de que el camino del evangelio está totalmente abierto, muchos no lo ven ni lo aceptan. En su experiencia misionera viajando a diferentes países y formando a pastores, el Pastor David Jang ha encontrado tanto a quienes no pueden oír ni ver este mensaje como a quienes lo reciben con inmenso gozo. Al final, si se “ve” o no se “ve” el misterio del evangelio marca un punto de inflexión decisivo en la vida de cualquier persona. Es este misterio el que conduce a la salvación. Aunque esté oculto, no está bloqueado para siempre, pues se abre para quien llama con fe. De esta forma, introduce a la persona al centro mismo de la gloria, convirtiéndose en el regalo que Dios ofrece, enfatiza el Pastor David Jang.

En definitiva, el Pastor David Jang exhorta a la iglesia actual a recordar y aferrarse de nuevo al misterio del evangelio. No se trata de un debate particular sobre denominaciones o dogmas, sino de contemplar el gran relato de salvación que Dios planeó antes de la creación, que Cristo completó con Su cruz y resurrección, y que el Espíritu Santo sigue aplicando en todo el mundo hoy. Y nuestra fe está justamente inserta en ese gran relato. Al tener clara esta conciencia, la vida de fe deja de ser algo meramente rutinario o obligatorio, y se transforma en una experiencia llena de alegría y trascendencia, al tomar parte en el “drama de la salvación” de Dios. Para David Jang, esa es la imagen del “creyente que se aferra al misterio del evangelio”.

Finalmente, al mencionar el pasaje de Hechos 28, el Pastor David Jang recalca la pena que siente Pablo ante quienes, pese a tener la oportunidad, no pueden creer. Y lo llama “misterio de la incredulidad”, pues resulta asombroso ver que no todos aceptan un camino de salvación tan evidente y abierto. Pero, al mismo tiempo, hay quienes sí lo reciben y experimentan un gozo indescriptible. Así, el misterio del evangelio –aunque esté velado a algunos– está disponible a quienes, con fe, tocan la puerta, y es la entrada a la gloria que Dios ofrece a la humanidad. Según el Pastor David Jang, este mensaje trasciende el tiempo y continúa siendo la esencia de la obra de la iglesia en la actualidad.


3. La morada del Espíritu Santo y la vida del creyente

El Pastor David Jang, basándose en Colosenses 1:28-29, explica el objetivo final que persigue el apóstol Pablo en relación con la “madurez total de los creyentes”. El versículo 28 dice: “a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar a todo hombre perfecto en Cristo Jesús”. David Jang señala dos verbos clave en este pasaje: “anunciar” y “enseñar”. El creyente, a la vez que proclama el evangelio, también debe profundizar en su significado y enseñar a otros para formarlos. Ambas tareas corresponden a la razón de ser de la iglesia y coinciden con la gran comisión de Mateo 28, donde Jesús ordena predicar el evangelio a todas las naciones, hacer discípulos, enseñar la Palabra y bautizar en el nombre de la Trinidad. Esta es, según el Pastor David Jang, la misión esencial de la iglesia.

Ahora bien, ¿cómo el creyente puede llevar a cabo esta misión? Según el versículo 29 de Colosenses 1, Pablo declara que se esfuerza “según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí”. El Pastor David Jang explica que “el que obra poderosamente” es el Espíritu Santo, enfatizando que Pablo no predicaba basándose en sus propias fuerzas o conocimientos, sino que resistía el sufrimiento, enfrentaba peligros, anunciaba el evangelio, levantaba iglesias y guiaba a los creyentes hacia la madurez, todo ello por el poder que moraba en él. En este contexto, David Jang menciona con frecuencia 1 Corintios 3:16 y 6:19, pasajes que aluden a que “nosotros somos el templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en nosotros”. Para el creyente, comprender que ya no está bajo el control de los valores y deseos de este mundo, sino que es el templo sagrado que alberga el Espíritu Santo, es un entendimiento fundamental.

Así, el hecho de que el Espíritu Santo more en nosotros sirve como la evidencia decisiva de la salvación, pero también como principio esencial de nuestra vida diaria. El Pastor David Jang subraya que la doctrina de la morada del Espíritu Santo no debe quedarse en el plano teórico o conceptual, sino traducirse en la práctica de “escuchar la voz del Espíritu” y “dar fruto” en la vida cotidiana. Cita Gálatas 5:22-23 para mencionar el “fruto del Espíritu” (amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, dominio propio), subrayando que estos rasgos del carácter son el fruto genuino que se manifiesta en el creyente cuando el Espíritu actúa efectivamente en él.

Además, el Pastor David Jang destaca la importancia del término “mayordomo” al pensar en la morada del Espíritu Santo y la tarea de los creyentes. En Colosenses 1:25, Pablo dice: “De la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros”. En la versión NIV en inglés, la palabra “administración” se traduce como stewardship (mayordomía). Esto se relaciona con la idea de que somos como siervos encargados de administrar los bienes de un amo, de modo que todo lo que poseemos –nuestras capacidades, recursos, tiempo e incluso el evangelio– nos es confiado por Dios, y tenemos la responsabilidad de emplearlo fielmente para la proclamación del evangelio, el servicio al prójimo y la edificación del reino de Dios. De acuerdo con David Jang, esta es la actitud que exige la morada del Espíritu Santo en el creyente.

En ocasiones, las iglesias y los cristianos pueden caer en la apatía o el desánimo espiritual, y el Pastor David Jang afirma que esto se debe a la percepción errónea de que “depende de mí hacer todo” o a la impresión de que “servir a la iglesia requiere demasiados sacrificios y sufrimientos”. Sin embargo, tal como demuestra la vida de Pablo, la verdadera fuerza transformadora proviene de “aquél que obra poderosamente en mí”, que no es otro que el Espíritu Santo. Incluso si Pablo está en prisión, el evangelio sigue extendiéndose en lugares como la iglesia de Colosas o Filipos, y ello no se debe a sus propias cualidades, sino a “la capacidad de Dios”. Por eso, el Pastor David Jang insiste en la importancia de “confiar en el Espíritu Santo y de ser consciente, en todo momento, de Su presencia en nosotros”. Si intentamos levantar la iglesia por medio de nuestras fuerzas, inevitablemente nos toparemos con límites e inconvenientes.

El Pastor David Jang menciona varios testimonios de primera mano en diferentes países y contextos de misión, narrando ejemplos en que la intervención concreta del Espíritu ha abierto puertas aparentemente imposibles, ha fortalecido a los creyentes en medio de la persecución y ha hecho que la iglesia crezca a pesar de dificultades extremas. Esto confirma que “el sufrimiento por servir al Señor nunca es en vano”, tal como proclamó Pablo, porque el Espíritu Santo sigue obrando hoy. En 2 Corintios 4, Pablo declara: “Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados”. Así, para el que está lleno del Espíritu Santo, ninguna adversidad o persecución podrá detener el resurgir de la esperanza y de la fe. Para el Pastor David Jang, ese es el “privilegio y poder” que distingue al creyente.

Además, David Jang exhorta a que los creyentes no se limiten a “aguantar el sufrimiento”, sino que asuman con gozo la tarea de edificar la iglesia, servir al prójimo y proclamar el evangelio. En la carta a los Filipenses, Pablo llama a “regocijarse” incluso estando en prisión, porque esa labor de difusión del evangelio y edificación de la comunidad eclesial es una fuente de profunda alegría. El Pastor David Jang ha observado que muchos líderes eclesiales y creyentes en situaciones precarias, sin recursos económicos o sometidos a persecución, experimentan una gran felicidad al congregarse y ofrecer su servicio. Una felicidad que no se explica con la lógica terrenal, sino que es “un don de Dios posible solo porque el Espíritu Santo está con nosotros”.

Así, en Colosenses 1:24-29 se entrelazan diversos temas: “sufrimiento y gloria”, “el misterio del evangelio”, “la morada del Espíritu Santo y la mayordomía del creyente” y “la proclamación del evangelio y la formación de los santos”. Y el punto de unión de todos ellos es, en última instancia, la muerte y resurrección de Jesucristo y la presencia de Su Espíritu en nosotros. El Pastor David Jang concluye enfatizando: “Debemos aferrarnos a esta verdad y levantarnos”. Aunque la senda de la fe no sea un camino de rosas, es la senda que el Señor mismo recorrió y en la que el Espíritu Santo camina a nuestro lado. Con esa certeza, alcanzaremos finalmente la gloria. Reflexionar profundamente en las enseñanzas de Colosenses ayuda a vivir no como peces muertos arrastrados por la corriente, sino con una vida vibrante, repleta de gozo, gratitud y esperanza, según el Pastor David Jang.

Finalmente, el Pastor David Jang retoma esta enseñanza remarcando que todos los creyentes deberían, al igual que Pablo, “regocijarse en las aflicciones” y cumplir fielmente el ministerio que se les ha encomendado. Si nuestro servicio a la iglesia y en el campo misionero contribuye, en última instancia, a que el misterio de “Cristo en vosotros” alcance a muchas almas, entonces ningún sufrimiento será en vano. Este es el núcleo del mensaje del Pastor David Jang: “participar en el sufrimiento con gozo, servir a la iglesia con el poder del Espíritu Santo y contemplar la gloria venidera”. Es un mensaje que puede rastrearse no solo en Colosenses, sino también en Efesios, Filipenses, Romanos y 2 Corintios, expresando la esencia de la teología paulina que el Pastor David Jang exhorta a los creyentes de hoy a redescubrir y practicar.

En última instancia, en este breve pasaje de Colosenses 1:24-29, encontramos el plan de salvación que Dios preparó desde antes de la creación, el misterio del evangelio, la misión de la iglesia de “completar lo que falta” de los padecimientos de Cristo con gozo, y la fuerza del Espíritu Santo que nos capacita para vencer toda aflicción y difundir el evangelio. Si logramos asimilar estas verdades, nuestra vida de fe dará un salto a otro nivel. “Recordad: si el Espíritu de Cristo no mora en vosotros, no sois de Cristo; pero si Él está en vosotros, os conducirá a la gloria”, afirma con vehemencia el Pastor David Jang, subrayando que vivir plenamente la presencia del Espíritu es el único y seguro camino para el creyente. Y esa es precisamente la invitación que el Pastor David Jang hace a la iglesia actual: llevar estos principios a la acción y al estilo de vida cotidiano, pues constituyen el fundamento auténticamente evangélico que todo cristiano debe encarnar.